En busca de una mala madre

© NativeCartoon

Por Maite Ramos Ortiz

Andaba buscando una madre peor que Bernarda y pensé haberla encontrado en La llorona, de Marcela Serrano. Recordemos que lo mejor que se puede decir de la protagonista de La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, es “dominanta”, así que un título como La llorona evocó la posibilidad del recuento del mito de Medea que supera con creces a Bernarda.

Nada más lejos de la realidad. En lugar de un alma en pena tenemos a una heroína que carece de nombre y que nos narra una historia cuyos evolución y desenlace se adivinan casi al detalle desde las primeras páginas. El tema principal no es el infanticidio, sino el secuestro de niños. Pronto nos damos cuenta de que el relato se hubiera beneficiado de nombres propios, sobre todo, porque llama a los dos personajes masculinos principales como “marido”, término que adquiere un tono despectivo, y “príncipe”, que cae en lo cursi.

Por otro lado, la redacción es totalmente fragmentada, lo que podría deberse al intento de imitar el nivel lingüístico de la protagonista, una campesina que apenas culminó sus estudios. Sin embargo, esta fragmentación se mantiene cuando aparece la voz narrativa en tercera persona.

Por último, a la historia le hubiera favorecido verdaderos conflictos. Salvo el secuestro de la hija que la protagonista descubre por medio de visiones antes de que termine el primer capítulo, no hay suspenso, ni sorpresas, ni interés.

Todavía sigo buscando a la sustituta de Bernarda porque en La llorona no la encontré.

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